martes, 24 de septiembre de 2013




No tengo casa
si no escucho tus uñas clavándose en la alfombra
y la cortina no baila fantasmal por las mañanas
No tengo hogar
si tu cuerpo no se ajusta a la línea de mi vientre
y dos bolitas luminosas no me guían en la oscuridad
No tengo familia
en la espesura del lugar donde voy y vengo
Tu silencio me roza el pensamiento
igual que tu maullido de bebé insomne.


5 comentarios:

Vera Eikon dijo...

El gato, como un hogar encendido donde nos calentamos las manos....Bico Mariela.

Darío dijo...

Qué endeble es el concepto de familia, perimido. Uno hace su junta como quiere...

Mariela Laudecina dijo...

Gracias por leerme Verita. Te mando un abrazo enorme.

Mariela Laudecina dijo...

Por suerte Dario, si no la vida sería muy dura para algunos. abrazo.

Leo Mercado dijo...

En definitiva, es la posibilidad de la ausencia la que da vida al poema. En este caso, una hermosura hermosísima, Mariela.
Abrazos.