martes, 10 de julio de 2012

SERIE HUECOS



I
Me gusta el invierno. Sienta bien a los huecos. El  frío es el puntapié  y salgo expelida a buscar personas idóneas en el tema. No es fácil conseguirlas; hay que apelar al inspíritu que duerme bajo las frazadas de la carne. Ofrecerle comida que huela a pureza y a bosque en la oscuridad. Así, puede que veas quien es el que tomará forma de barro sin miedo a ensuciarse y a perderse en el limbo de un hueco. 

II
El hueco de la cerradura, se puede decir, que es una vagina a expensas del vil metal.

III
El ombligo es casi un hueco. En ocasiones se abre si falta poder. A veces tocarlo con un dedo molesta. Son sensibles a las compuertas, aunque un hueco también llame a otro hueco.

IV
El hueco del alma es igual a los del cuerpo. Se nace con ellos, o no.

V
En el sur hay ojos de agua, la gente se acerca y experimenta un tirón en el ombligo, una fuerza que lo jala desde el fondo. A esto se dedican los huecos que aparentan estar llenos.

VI
Un hueco jamás se librará de su pasado.

6 comentarios:

Leo Mercado dijo...

Es como si existieran huecos en los huecos; quiero decir, el invierno es de por sí uno. O la nostalgia. O el desamor.
Y el problema acaso no sea la dilucidación del hueco, sino más bien la de sus bordes.

Darío dijo...

Por lo que un hueco siempre será hueco, así sea cerradura o vagina. Un abrazo.

Mariela Laudecina dijo...

No había pensado lo de los bordes.
abrazo border.

Mariela Laudecina dijo...

Exacto Dario.
abrazo sin huecos.

Jorge Ampuero dijo...

Creo que los huecos siempre son necesarios para saciar en nosotros esos deseos de llenar.
Bacano blog. Nos leemos.

Saludos ;)

Mariela Laudecina dijo...

Qué sabia respuesta Jorge. Gracias por pasar.